martes, 26 de noviembre de 2019

Entrevista a Ramón Martínez sobre el libro "Nos acechan todavía. Apuntes para reactivar el movimiento LGTB"

ENTREVISTA A RAMÓN MARTÍNEZ SOBRE EL LIBRO “NOS ACECHAN TODAVÍA. APUNTES PARA REACTIVAR EL MOVIMIENTO LGTB” Editorial Egales. 
 

Ramón Martínez es profesor, activista e investigador en materia LGTB. Este es su tercer ensayo, con el que tras «La cultura de la homofobia» y «Lo nuestro sí que es mundial», cierra su trilogía en torno a la intolerancia hacia las personas LGTB y cómo erradicarla.

“Hoy existen tantas etiquetas como uno desee, pero nuestro trabajo debe ir más allá de esa estructura y cuestionarla de raíz, porque de su aceptación más o menos conforme heredamos muchos obstáculos que a veces somos incapaces de percibir.”

Nos acechan todavía. Cualquier persona LGTB mínimamente concienciada lo sabe. Tu libro se abre con el surgimiento ostentoso de la extrema derecha en España. ¿Nos acechan más que nunca o de otra forma?

Ramón Martínez: Esta semana hemos escuchado a una diputada de ultraderecha en la Comunidad de Madrid calificar el feminismo como un «cáncer» y decir que «no hay que proteger a los niños LGTB, si es que tal cosa existe». Me temo que el peligro que nos acecha ha estado ahí en todo momento, pero que durante unos años ha sabido camuflarse lo suficiente como para que creyéramos que estaba erradicado. Ahora nos encontramos con dos problemas: por un lado, vuelve a aparecer sin remilgos una forma descarnada de intolerancia que nos lleva a pensar en tiempos de Peligrosidad Social y, al mismo tiempo, el odio ha aprendido a disfrazarse con una sonrisa que quiere hacernos creer que nos defiende mientras trata de cercenar todo lo que hemos conquistado. Nos acechan como siempre, ahora sin disimulo, pero también han aprendido a acecharnos de tal manera que parece que nos están ayudando. Y esta es una trampa muy peligrosa en la que mucha gente sigue cayendo...

El matrimonio LGTB como conquista tiene algo de bendición y todos los países lo quieren en aras de respetabilidad. Pero tú señalas como aquí ha tenido un efecto desmovilizador como si “ya lo han o hemos conseguido todo”. Y no sólo te refieres a la violencia sino a un sistema estructural que ¿Podemos llamar heteropatriarcado? ¿Dónde situarías la violencia simbólica?

R. Martínez: En el libro argumento que, aunque nos pese, la victoria que supuso el Matrimonio Igualitario ha sido uno de los motivos de la desmovilización. Era una reforma absolutamente necesaria, sin duda, pero nuestro movimiento reivindicativo debería haber previsto cuáles podrían ser las consecuencias, ese "ya lo tenemos todo", para no dejar ni un día de descanso al sistema regulador de la sexualidad y seguir reivindicando con una agenda potente. Esa estructura, que sin duda podemos llamar heteropatriarcado (y el prefijo es necesario porque en ocasiones uno piensa que también existe un naciente "homopatriarcado" sustentado en la asimilación mediante el matrimonio), esa estructura es el origen último de todo el mal que nos acecha, tanto en lo simbólico como en lo práctico. La ética de nuestro movimiento ha de centrarse en combatir esa estructura en tanto que es un sistema, y necesita de unas acciones muy precisas que vayan más allá de la emancipación individual. Debemos liberarnos para poder forjarnos autónomamente como individuos particulares, pero esa liberación solo podremos obtenerla de manera colectiva, y creo que nuestro movimiento actualmente falla bastante en su manera de articular las propuestas necesarias para hacerlo.

En un momento hablas de las alianzas con el feminismo, pero nos hablas de un feminismo no digo para nada conservador pero sí clásico. ¿No crees que el transfeminismo, con su ruptura del sujeto clásico mujer, es más inclusivo, en particular para las personas trans que siguen en plena batalla por su reconocimiento más allá de las barreras?

R. Martínez: Para este libro he cogido prestadas varias ideas de ese feminismo clásico porque precisamente me resultaba muy útil su capacidad para la abstracción hacia lo universal, que necesitaba para universalizar también nuestra propia política reivindicativa. Aunque han pasado ya muchos años desde El segundo sexo de Beauvoir y La política de las mujeres de Valcárcel, creo que siguen siendo buenas guías de pensamiento para lo que nos ocupa: siempre digo que el feminismo es la mejor escuela de pensamiento que conozco. El problema, claro está, lo encontramos al llegar a la concreción del sujeto, y he dedicado en Nos acechan todavía todo un capítulo para reflexionar sobre el tema. Precisamente de los postulados del transfeminismo y su cuestionamiento del sujeto político clásico del feminismo podemos obtener un cuestionamiento del sujeto político establecido dentro de las «políticas LGTB» y plantear que no solo la categorización clásica de acuerdo a unas siglas puede "sujetar" una reivindicación, sino que hay otros muchos actantes que interactúan dentro de un movimiento y acaban beneficiándose de sus propuestas. Los escritos de Miquel Missé me han servido precisamente para cuestionar quiénes somos, como movimiento social, y descubrir que, más allá de las categorías cerradas, ni el feminismo es un movimiento cuyos logros solo benefician a las mujeres no trans ni el llamado movimiento LGTB puede particularizarse de forma identitaria.

Hablas de la docencia y la infancia LGTB, tus campos de estudio, pero como bien señalas los y las niñas escapan a este “totum revolutum” de siglas que niega singularidades ¿Que nos puedes contar sobre todo esto, sobre las infancias diversas, el sistema educativo y sobre las sopas de letras?

Ramón Martínez: No cabe duda de que el ámbito educativo está siendo ya el más cruento campo de batalla para nuestra reivindicación. El Matrimonio Igualitario, que resultó tan difícil de conquistar, nos parece cada vez más sencillo comparado con el enfrentamiento que empezamos a mantener. Y es precisamente la tarea docente donde más he aprendido sobre qué resulta productivo y qué no para seguir avanzando. Mi paso por las aulas ha cambiado sustancialmente mi visión de nuestra forma de reivindicar. Pensando antes de sentarme a redactar me di cuenta de que la práctica totalidad de nuestras propuestas se articula a partir de una categorización identitaria que no deja de depender de una estructura patriarcal que nos divide de acuerdo a sus intereses. Llamamos 'gay' a lo que antes era 'mariquita', pero el referente exterior sigue siendo el mismo y parte de los prejuicios que acarrea se mantienen en el significado, por mucho que modifiquemos el significante. Hoy existen tantas etiquetas como uno desee, pero nuestro trabajo debe ir más allá de esa estructura y cuestionarla de raíz, porque de su aceptación más o menos conforme heredamos muchos obstáculos que a veces somos incapaces de percibir. Nuestra juventud ha crecido en un contexto algo diferente al que padecimos quienes nacimos en la Transición y sus inacabables postrimerías. Una nueva forma de comprender la sexualidad, mucho más libre y menos categorizada, se incorporará muy pronto a la vida adulta y para toda esa generación de futuros activistas nuestras herramientas conceptuales están absolutamente desfasadas. Hay que saber dejar paso y empezar a prepararse para el relevo. Nos acechan todavía quizá sea más un testamento de reflexiones activistas para uso de jóvenes que un manual de aplicación inmediata. Tengo la convicción de que nuestro verdadero futuro, los próximos líderes y lideresas de nuestro movimiento, acaba de matricularse en el Bachillerato. Nuestra salvación y nuestra victoria final estará en sus manos, y nuestro papel fundamental es arrimar el hombro a sus ideas, no obligarlos a acatar las nuestras como se viene haciendo.

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