martes, 29 de octubre de 2019

Un primero de mayo

Son las siete de la mañana. Primero de mayo. En realidad, debería estar descansando y luego ir a la manifestación y compartir marcha con una ridícula muchedumbre de nostálgicos estalinistas. O mejor no.

En el tranvía, una chica conversa en un lúcido español con un marcado acento eslavo con otra chica que parece española. Están lo suficientemente cerca como para entender que se trata de mi lengua materna, pero lo suficientemente lejos como para no entender de qué hablan.

Más cerca se encuentra un hombre mayor. El típico búlgaro cincuentón, que habla muy cerrado, con expresiones faciales que denotan lo duro que fue vivir en la Bulgaria de los noventa, y dice a otro hombre, en búlgaro, los gitanos españoles no tienen nada que ver con los gitanos búlgaros.


Son las 7 de la mañana, y el día no ha hecho nada más que empezar.
01.05.2017
Sofía,

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