lunes, 10 de julio de 2017

La independencia de Bulgaria. Desde la insurrección de Berkovitsa hasta la proclamación de independencia, 1836-1908

En este post contamos con una colaboración de Josep Dorca, historiador y profesor de catalán. En su blog publica interesantes artículos sobre política e historia de los balcanes en catalán. En el siguiente enlace tenéis acceso al artículo original. Además, os animo a seguirle en su página de facebook.

La independencia de Bulgaria. Desde la insurrección de Berkovitsa hasta la proclamación de independencia, 1836-1908


Los turcos otomanos llegaron los Balcanes durante el siglo XIV. A finales de este siglo ya controlaban la totalidad de los territorios poblados por búlgaros, después de someter la ciudad de Vidin, su último bastión, en 1396. Iniciaron, entonces, una larga dominación que no se puede dar por finalizada hasta el siglo XX, después de las Guerras Balcánicas de 1912-1913. Durante todos estos años consolidaron su poder por todo lo que actualmente es Serbia, Albania, Croacia, Bosnia-Herzegovina, llegando incluso a las puertas de Viena en 1529.

A mediados del siglo XIX, el Imperio Otomano controlaba, pues, la mayor parte del territorio balcánico. En algunos casos lo hacía de manera directa, como en Bulgaria, aunque en otras ocasiones ejercía su autoridad a través de principados formalmente autónomos.


Desde la segunda mitad del siglo XVIII, la economía de los territorios búlgaros entró en una etapa claramente expansiva, lo que permitió la consolidación de una pequeña burguesía, dedicada sobre todo al comercio y a las manufacturas. La industria, de muy pequeñas dimensiones, téxtil y del cuero, por ejemplo, se desarrolló extraordinariamente. El papel de los gremios, particularmente, fue, a partir de entonces, muy importante y tuvieron un papel capital en la vida social y cultural de la Bulgaria del siglo XIX. Todo este impulso económico acabó provocando que el Imperio Otomano tuviera que realizar una serie de reformas imprescindibles para que estos nuevos sectores sociales pudieran prosperar, pero estas reformas, además de estimular el crecimiento económico, pusieron en evidencia los límites del sistema, por lo que esta pequeña burguesía empezó a plantearse nuevos horizontes, como la creación de un estado que sirviera a sus intereses.


El Renacimiento Nacional Búlgaro



Como ocurre habitualmente en todos los países en los que hay un conflicto lingüístico y nacional, el desarrollo de iniciativas en el ámbito de la cultura precedió a las reivindicaciones estrictamente políticas. Así pues, durante el transcurso del siglo XIX, se fueron poniendo las bases de lo que podríamos denominar com una cultura nacional. La historigorafia búlgara ha bautizado todo este proceso con el nombre de Renacimiento Nacional Búlgaro.

La primera escuela laica en lengua búlgara, por ejemplo, fue fundada en 1834 en Gabrovo. Para ponerla en funcionamiento fue imprescindible la aportación económica de los gremios -antes mencionados-, que entonces estaban en una época de pleno crecimiento. Estos gremios también sufragaron gastos en el ámbito de la cultura y de la educación, como programas de becas para numerosos estudiantes en el extranjero. El número de estas escuelas laicas fue creciendo paulatinamente hasta que en 1878 su número se acercaba a las dos mil.

También fueron muy importantes los avances en la normativización de la lengua. En 1844, obra de Bogorov, se publicó la primera gramática de la lengua búlgara, no exenta de polémica, entre defensores de ún búlgaro más arcaico y más cercano a las otras lenguas eslavas y otros más partidarios del búlgaro que se hablaba entonces. Finalmente, en 1870, la polémica se zanjó con la publicación de una normativa consensuada entre ambos sectores.

Paralelamente, la publicación de libros en búlgaro fue cada vez mayor: el primero, podemos fecharlo en 1776, obra de Païssa de Hilendar. Así como entre 1821 y 1830 sólo se publicaron nueve libros en búlgaro, entre entre 1860 y 1870 su cifra superó los 700. Lo mismo ocurrió con las publicaciones periódicas. La primera que se editó fue Liuboslovie, en 1834, y marcó el punto de partida de una auténtica eclosión de publicaciones: entre 1844 y 1870 unas noventa, de las que 56 eran diarias. Muchas de éstas tenían una vida efímera, y un porcentaje nada desdeñable eran publicadas por búlgaros residentes en otros países. También tuvieron un papel importante ciertas sociedades que tenían como objetivo difundir la cultura búlgara, como fueron la Sociedad de Filología, fundada en 1824, y la Sociedad para la Literatura Búlgara, de 1835. La actividad de estas sociedades fue fundamental para el desarrollo de una literatura moderna. Durante estos años, el género más cultivado fue la poesía, y destaca particularmente la figura inmensa de Hristo Botev.

Finalmente, una institución nueva que tuvo un papel muy importante en la vida social búlgara fue la de las Chitalishte, que eran una especie de clubes de lectura, centros de debate, reunión, formación... muy característicos de los Balcanes. La primera se constituyó en 1856, y en 1878 ya había 186. Estos centros se convirtieron en un elemento clave para difundir las ideas nacionalistas y crear un imaginario colectivo.

Otro ámbito muy importante e influyente, entonces, era el religioso. La iglesia búlgara inició a principios de siglo XIX un largo combate para conseguir su independencia del patriarcado de Constantinopla, lo que consiguió entre los años 1870 y 1872, cuando se formó el Exarcado Búlgaro, con Antimo I como primer patriarca. En este contexto se reconstruyeron numerosas iglesias y monasterios, el más conocido de los cuales es el de Rila, restaurado a partir de 1833.

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 La lucha contra el Imperio Otomano



Durante el siglo XIX fueron constantes las revueltas contra la dominación otomana en el área balcánica, y entre todas ellas las más importantes fueron los levantamientos serbios, de los años 1804 y 1814, y también la revolución griega, que comportó finalmente la independencia de este país. En ambos casos, voluntarios búlgaros participaron luchando al lado de los sublevados, así como los hubo, también, que lucharon codo con codo con los rusos durante la guerra ruso-turca, acaecida entre 1806 y 1812.


En Bulgaria, sin embargo, no hubo ningún gran movimiento popular de resistencia que lograra poner en peligro la dominación turca, al menos hasta finales de la década de los sesenta del siglo XIX. Esto no quiere decir que no hubiera numerosas revueltas durante todos esos años, como las que hubo en los años treinta (1835, 1836, 1837), la más conocida de las cuales es la de Berkovitsa, que fue la que tuvo más repercusiones, en 1836 -he elegido esta fecha simbólica como inicio del proceso que llevó al país hacia la independencia-. Esta malestar popular se prolongó en las décadas siguientes, con más levantamientos, sobre todo en el norte -importante el de Vidin- y en el sudoeste de la actual Bulgaria. En todas estas sublevaciones es difícil de separar el componente social del componente nacional. Muchas veces eran protagonizadas por campesinos y tenían un claro componente antifeudal. 
 

Es a partir de los años sesenta cuando las propuestas para cambiar el estatus de Bulgaria empiezan a tener un importante apoyo social y auténticas posibilidades de éxito, con objetivos concretos y grupos bien organizados para llevarlos a término.


La figura más importante de este nuevo nacionalismo búlgaro fue Georgi Rakovsky -historiador, etnógrafo, periodista y poeta-. Un rasgo característico del movimiento de liberación nacional búlgaro es que prácticamente la totalidad de sus líderes eran hombre de letras. Rakovsky nació en 1821 y desde muy joven se implicó en la lucha clandestina, lo que provocó su exilio y el inicio de un periplo que le llevaría a Francia, Rusia y finalmente, otra vez, a Rumanía, dónde ya había conspirado de joven. En Rusia entró en contacto con los populistas rusos, de los que aprendió tácticas insurgentes y de agitación.


En 1862 impulsó la creación de la Legión de Voluntarios, una fuerza que colaboró con las fuerzas serbias para recuperar la fortaleza de Belgrado, en posesión de los turcos. Serbia tenía, entonces, una relación de vasallaje con el Imperio Otomano, que no fue definitivamente abolida hasta el Tratado de Berlín, de 1878. Poco después de la recuperación de la fortaleza, sin embargo, las autoridades serbias instaron a los voluntarios búlgaros a marchar del país, lo que significó el final de la colaboración de Rakovsky con las autoridades serbias. Rakovsky tenía en mente la idea de crear un federación balcánica de estados cristianos.




En 1867, Rakovsky impulsó la creación del Comité Central Secreto Búlgaro, que hizo propuestas políticas concretas, aunque también amparó acciones de carácter insurreccional. Desde este comité se llegó a proponer a la Puerta una solución, con respecto a la cuestión búlgara, similar a la que se había adoptado en el Imperio Austrohúngaro, la solución dualista del Compromiso de 1867. De este modo proponían un Imperio dual turco-búlgaro. Huelga decir que las autoridades otomanas ni siquiera la tuvieron en cuenta.

Simultáneamente, entre 1867 y 1868, hubo algunos intentos de penetración de varios grupos armados, procedentes de Rumanía, que tenían como objetivo provocar un levantamiento popular en Bulgaria. Estas incursiones resultaron infructuosas. Destacan particularmente las protagonizadas por Hadji Dimitar y Stefan Karadja.

En 1870, ya muerto Rakovsky, se creó el Comité Central Revolucionario Búlgaro. Ahora, los líderes más destacados de la resistencia búlgara fueron Ljuben Karavelov, Vasil Levski y Hristo Botev. Vasil Levski fue encarcelado en 1872 y murió ejecutado en 1873, hecho que provocó que la causa ganara muchos adeptos.


La crisis del período 1875-1878



En 1875 estalló una nueva crisis social y política, muy profunda, que sacudió a todos los Balcanes, y que acabó implicando un cambio radical en la configuración política de la zona. Aquel año hubo varios levantamientos contra la dominación turca en Bosnia, Serbia y Bulgaria. El primero, que fue el detonante de todos los demás, estalló en Bosnia, más concretamente en Nevesinje.

En Bulgaria, el estallido se produjo en abril de 1876. El 14 de abril los comités revolucionarios fueron convocados en Oboriste, con la finalidad de organizar la insurrección, y se acordó que el 1 de mayo sería la fecha en que ésta se iniciara. De todos modos, la presión del gobierno hizo que se precipitaran los acontecimientos y que estallara el 19 de abril.

La revuelta se desencadenó en cuatro puntos diferentes de la geografía búlgara, y de manera simultánea. Tuvo muy poco éxito y muy poco apoyo popular en tres de los focos escogidos. El poeta Hristo Botev, que lideró uno de estos focos insurreccionales, se apoderó de un barco austríaco, el Radetzsky, y entró en tierras búlgaras, procedente de Rumanía, con el objetivo de provocar un levantamiento popular. Su éxito fue escaso, y finalmente el 20 de mayo fue asesinado por los Bachibouzouk, tropas irregulares turcas, donde también combatían algunos búlgaros musulmanes.

Sólo la revuelta que estalló alrededor de la ciudad de Plóvdiv, al sur del país, logró un apoyo popular importante, lo que a su vez provocó, como reacción una represión sangrienta por parte de las tropas turcas.

Después de estos hechos, Rusia mostró su interés por involucrarse en el conflicto. Impulsó la convocatoria de una conferencia de representantes de las grandes potencias para encontrar “soluciones”, sobre todo para Bulgaria y Bosnia y Herzegovina. Defendían, para Bulgaria, la creación de dos provincias autónomas, una alrededor de Tarnovo, capital histórica de Bulgaria, y la otra con Sofía (entonces una ciudad de mucha menor importancia que ahora) como centro. Los otomanos se opusieron radicalmente a este proyecto. Con este pretexto, finalmente, la Rusia zarista optó por declarar la guerra al Imperio, que se hizo efectiva el 12 de abril de 1877.

La llegada de las tropas rusas fue muy bien recibida por la población, y los comités revolucionarios hicieron un llamamiento a los búlgaros para que se les unieran. Por este motivo, se creó una nueva Legión Búlgara, de aproximadamente diez mil voluntarios. Las tropas rusas, finalmente, consiguieron vencer a los otomanos, y el zar Alejandro forzó alemperador a firmar el Tratado de Paz de San Stefano el 18 de febrero de 1878.


El Tratado de San Stefano



Este acuerdo implicaba un cambio radical en la configuración del mapa balcánico. Por un lado, se certificaba la independencia de Serbia, de Rumania y de Montenegro. Serbia y Rumanía hasta entonces eran principados tributarios del sultán. Montenegro, por su parte, ya era formalmente independiente, aunque Turquía siempre había defendido que también estaba vinculada al imperio, idea difícilmente justificable. Por lo que hace referencia a las tierras rumanas, Rusia se anexó parte del sur de Besarabia, y también se apropió de parte del Cáucaso, poblado, entre otros, por georgianos y armenios.

En cuanto a Bulgaria, el tratado preveía la creación de un Principado Autónomo de Bulgaria, con una superficie mucho mayor que la de la actual Bulgaria, y que se extendía desde el mar Egeo hasta el Danubio. Este principado también incorporaba parte de la Dobrudja, un territorio siempre disputado entre Rumania y Bulgaria.

Formalmente, era tributario y vasallo del Imperio Otomano, pero Rusia pasaba a tener una gran influencia, decisiva, como lo demuestra, por ejemplo su papel en la elección del príncipe. Según este tratado, formarían parte de este nuevo principado búlgaro todos los territorios que actualmente pertenecen a la Macedonia independiente -como Ohrid, Skopje, Bitola, Veles, Kuamnovo, Kocani ... -, a la Macedonia griega -como Kastoria o Flórina-, la Macedonia occidental griega o Kavala a la Macedonia oriental griega- o, incluso, zonas de la actual Albania, como Korça.

Hay que recordar que desde Bulgaria se ha tendido siempre a negar la existencia de una lengua y de una nacionalidad macedonia diferenciada de la búlgara. Este planteamiento todavía es muy vigente, lo que ha provocado tensiones entre los gobiernos de ambos países. Por otra parte, un discurso público favorable a la creación de una Gran Bulgaria nunca ha dejado de existir. En este sentido, la "Gran Bulgaria" del Tratado de San Stefano es un claro precedente y un punto de referencia siempre citado. Durante la Segunda Guerra Mundial, este objetivo se cumplió parcialmente, cuando las tropas búlgaras se anexionaron la Macedonia yugoslava.



El Tratado de Berlín



De todos modos, el Tratado de San Stefano tuvo una vida muy breve. Las potencias occidentales reaccionaron a lo que consideraron un claro peligro de expansión rusa en los Balcanes y forzaron un nuevo tratado de paz, firmado esta vez en Berlín, en julio de ese mismo año. Como resultado de este nuevo "acuerdo", las fronteras previstas para el principado búlgaro disminuyeron de manera considerable, ya que se perdió gran parte de los territorios macedonios. El nuevo tratado fue firmado el 13 de julio de ese mismo año.

Según este nuevo tratado, se constituyó un pequeño principado búlgaro, tributario del Imperio Otomano, entre el Danubio y la parte central de la actual Bulgaria -por la cordillera central que divide el país- y, de otra parte, una provincia autónoma que formaba parte del Imperio Otomano, que fue conocida con el nombre de Rumelia Oriental.

Aquellos años eran los años del gran reparto imperialista del mundo. Para las potencias europeas –el Imperio Austrohúngaro, el Imperio zarista, el Reino Unido o Francia- los Balcanes eran sólo un botín más para añadir a sus áreas de influencia y de control, similar a lo que podía ser todo el continente africano.

De todos modos, la existencia de estos dos territorios como entidades separadas tuvo una vida no muy duradera. En 1885 –apenas siete años después del Congreso de Berlín-, se unificaron bajo la égida del Principado autónomo, que a efectos prácticos tenía una existencia, ya, totalmente independiente. Las autoridades turcas no pudieron hacer absolutamente nada para evitarlo. En septiembre de 1885 se consumó esta unificación.

En esta nueva Bulgaria, Rusia jugaba un papel capital. De hecho, el príncipe Dondúkov fue el organizador del nuevo estado, y convocó la primera asamblea constituyente. El príncipe elegido para ocupar el trono fue Alejandro de Battenberg, sobrino de la zarina. Después, la pugna, entre el Imperio Austrohúngaro y Rusia, por el control de los Balcanes fue constante. Se pueden citar algunos ejemplos de esta pugna, como la guerra serbobúlgara de 1885 o la destitución de Alejandro de Battenberg y nombramiento de Fernando de Sajonia-Coburgo como nuevo monarca, más cercano a los intereses austriacos. Esta dualidad de intereses también se refleja en los intereses dispares de la nueva burguesía que se formó en Bulgaria a finales dels eiglo XIX. Una fracción importante estaba subordinada a los intereses austriacos y otra facción estaba más vinculada a los intereses rusos. 
 

La independencia formal



Bulgaria, como estado independiente, no nace hasta 1908, inmediatamente después de la revolución de los Jóvenes Turcos -junio de ese año-, acontecimiento que fue aprovechado por las autoridades búlgaras para romper los vínculos, exclusivamente formales, con Turquía. De este modo, Fernando de Sajonia-Coburgo se convirtió en nuevo zar de Bulgaria. Ese mismo año, el Imperio Austrohúngaro se anexionó Bosnia y Herzegovina, que hasta entonces también formalmente pertenecía al Imperio Otomano, aunque fuera adminsitrada por los Habsburgo.

Pronto contaremos con más colaboraciones de Josep. Mientras tanto, ¡puedes seguirlo en su blog

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