domingo, 16 de julio de 2017

Entrevista a Manuela Trasobares, por Marco Vidal

Manuela Trasobares es artista, pintora, escultora y cantante de ópera mezzosoprano dramática. Estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona y Bel canto en la Universidad de Sofía. Ha sido artista fallera en Valencia y concejala en la ciudad de Geldo. Además, es una conocida activista transexual.




Hola Manuela. Sofía hoy es una ciudad europea, con un turismo creciente y una cantidad cada vez mayor de extranjeros que viven aquí. Sin embargo, entre la Sofía de 2017 y la de los años noventa hay una enorme diferencia. ¿Por qué acabaste viviendo en Sofía? ¿Cuándo se te presentó la oportunidad y por qué decidiste venir aquí?



Yo no decidí ir a Sofia. Prácticamente no sabía nada de Bulgaria. Cuando yo empecé a estudiar canto lírico en España vi que no se me tomaba en serio. Y depués de bastantes problemas de marginación di con un mánager artístico que me aconsejó que conociera a la catedrática del Conservatorio de Canto de Sofia y que a través de ella fuera a estudiar a aquel país.



¿Cuánto tiempo estuviste en Sofía? Respecto a la ciudad en sí, ¿hay algún sitio que te gustara especialmente o que te llamara la atención? ¿En qué zona vivías?



De manera intermitente cinco años. Ya que los veranos los pasaba en España. Me gustaba Sofia y los alrededores pero sobretodo me gustó la ciudad de Plovdiv. Vivía en la zona alta de Sofia, pero hoy por hoy no me acuerdo como se llamaba el barrio ni la calle. Hace ya treinta años...



Actualmente es posible vivir en Sofía y no aprender nada de búlgaro, puesto que en los establecimientos del centro la gente suele hablar inglés. Pero, ¿cómo era la comunicación en los años 90? ¿Tuviste algunos problemas de comunicación?



Yo vivía con gente del Conservatirio o relacionada con el mundo de la ópera. Todos hablaban perfectamente el italiano, el inglés o el francés. Saliendo del mundo artístico, siempre iba acompañada por alguien que me ayudaba a entender. Por eso nunca me hizo falta hablar el búlgaro. Aunque sí de una manera intuitiva lo entendía.



¿Cuánto tiempo estudiaste en el Conservatorio de Sofía? ¿Estudiabas con una beca o trabajabas? ¿Cuánto crees que aportó tu estancia aquí a tu formación como cantante de ópera? ¿Cómo era tu relación con tus compañeros del conservatorio?



Yo trabajaba en España y con el dinero que conseguía me pagaba los estudios en Bulgaria. Nadie jamás me dio ninguna beca. Todo salió de mi esfuerzo personal. La formación que tuve en Bulgaria jamás la hubiera tenido en España, ya que no solamente estudiaba canto, sino que trabajaba con directores de orquesta, con directores de escena, con la propia orquesta y, sobretodo, nos hacían cantar en teatros profesionales en la medida que ellos valoraban el nivel.



¿Te sentiste discriminada en Bulgaria por ser transexual? ¿Ves muy diferente la España de los noventa de la Bulgaria de esa época en este aspecto?



No, en Bulgaria jamás me sentí discriminada, todo lo contrario. Allí la gente me admiraba profesional y personalmente.



En tu famosa intervención en canal 9 comentas que has visitado muchas ciudades de Bulgaria. ¿Cuáles visitaste? ¿Hay alguna que te gustara especialmente?



Después de trenta años he olvidado muchos nombres. Mis amigos búlgaros, cantantes también, me llevaron a muchos pueblos y ciudades, aparte de las ciudades en las que trabajé como cantante lírica. Recuerdo la ciudad de Varna y pasé muchos fines de semana en Plovdiv. Era todo tan distinto... Como si estuviéramos en el siglo XIX. Recuerdo un mercado en el que había herradores de caballos y zapateros. Había incluso comunas públicas para hacer las necesidades personales. Si te lo describo, me dirás que me lo invento... No había ninguna intimidad. Veías como otros hacían sus necesidades. No sé si aún existe esto.




¿Por qué decidiste abandonar Bulgaria? ¿A dónde fuiste después?



Creo que me equivoqué abandonando Bulgaria. Allí yo era muy feliz. Trabajaba en lo que quería, tenía amigos y vivía muy tranquila. Nadie jamás se rio de mí ni se planteó mi identidad. Solo había admiración. Sin embargo, la cátedra del Conservatorio, ávida de ambición, quería hacer su profesorado en España, porque aquí ganaría más. Por intereses económicos me comió el coco para que regresara con ella a Barcelona y emprendiera una carrera lírica en Europa Occidental, ya que allí yo ganaba muy poco dinero. En esos momento influida por la ambición de ella, decidí regresar. Cual fue mi sorpresa cuando aquí en la civilizada España nadie respetó ni mis estudios, ni mi profesionalidad, ni mi entidad como ser humano. Después de los años veo todo aquello como algo increíble. Tengo nostalgia de aquella grandísima experiencia que tuve. Jamás la olvidaré.



Dentro del colectivo LGTB, los transexuales siguen estando especialmente machacados por la sociedad y su identidad es a menudo negada por las instituciones. ¿Cómo ves a la sociedad española en relación a la transexualidad en la actualidad? A pesar del autobús de la vergüenza de Hazte Oír, ¿hemos avanzado?



No hemos avanzado. Se ha avanzado aparentemente. Se hacen grandes eventos de los que se saca mucho provecho económico. Como el día del Orgullo que se ha celebrado este año en Madrid. Pero a efectos reales existe una grandísima transfobia. Y después de la maravillosa experiencia búlgara, aquí no he vivido ni un 5% de la felicidad que allí respiré. Aquí se me ha vuelto a discriminar. El movimiento LGTB en España está fuertemente politizado por un partido llamado PSOE, que nada tiene que ver con un movimiento que debiera ser apolítico y humanitario. No sé como será ahora el movimiento LGTB en Bulgaria.



Tengo entendido que tu trayectoria como concejala de Acción Republicana Democrática de España en Geldo fue breve. Sin embargo, marcaste un antes y un después en la política española al convertirte en la primera concejala transexual de toda España. ¿Desde entonces a qué te dedicas? ¿Sigues cantando y desarrollando tu arte en todas sus formas?



Después de mi experiencia vital de más de 40 años de lucha en todos los aspectos, dedico muchas horas al estudio de la filosofía universal. Estudio en profundidad a Descartes, Nietsche, Satre, y Heideguer. Esto me ha llevado a conclusiones metafísicas de la deconstrucción vital. Creo en un mundo libertario y en el pensamiento anarquista. Además lidero una corriente filosófica vitalista llamada Trasobarismo, con seguidores en todo el mundo. Sigo cantando, esculpiendo y pintando, relacionando toda mi actividad artística con mi pensamiento.


Volviendo a la Bulgaria de los noventa. Como sabrás, Bulgaria es el país más pobre de la UE. El salario medio roza los 200 euros y la pensión mínima los 100. Sin embargo, la situación económica hoy es mucho mejor que la de hace 30 o 15 años, cuando millones de búlgaros tuvieron que emigrar a buscar un futuro mejor. ¿Cómo era vivir en un país que acababa de salir del comunismo y estaba en un colapso económico? ¿Recuerdas las impresiones de las personas locales? ¿Notaste en alguna forma ese cambio de la censura política y cultural, guiada por el partido, hacia una cultura que empezaba a liberalizarse?



El país estaba sumergido en una gran probreza. Pero la mayoría de mis compañeros me decía que esa idílica libertad occidental, que se les había prometido después s de la caída del Muro de Berlín, no les gustaba para nada, se sentían desamparados. Añoraban el antiguo comunismo. El país estaba lleno de mafias rusas e italianas. Y yo veía que los grandes oligarcas estaban comprando los medios de producción, monasterios, iglesias, castillos... La gente no era tonta y lo decía. Me explicaban la historia de Bulgaria. Siempre ha estado dominada por los turcos o por Rusia y también en los 90 por los intereses capitalistas occidentales que estaban comprando no solo Rusia sino el resto de países satélites de la URSS. La pobreza era provocada por el capitalismo y sus mafias. Yo no vi una Bulgaria feliz con el nuevo sistema político y económico. Recuerdo muchos compañeros diciendo que con el antiguo régimen tenían el futuro garantizado. Bulgaria estaba en un caos. Los estudiantes extranjeros eramos una fuente de divisas ya que nos cobraban los estudios a precio de Europa Occidental, aunque aún nos salían más baratos que estudiar en España. Como anécdota de descaro te diré que cada vez que entrabamos en Bulgaria teníamos que pagar 200 dólares en la frontera. Algo absurdo, pero que de todos modos era comprensible.



Manuela, ha sido un placer. Y espero sinceramente verte en Sofía y que me cuentes en persona cómo la ves ahora después de tantos años.



Nunca se sabe, puede ser que algún día nos veamos en Sofia. Saludos.



Entrevista realizada por Marco Vidal González. 

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