domingo, 28 de diciembre de 2014

Entrevista a Pablo Vergara


ENTREVISTA AL ACTIVISTA TRANS PABLO VERGARA


Pablo lleva más de seis años ayudando a las personas trans a ganar autonomía y control sobre sus propias vidas para que puedan llevar la vida que elijan. Como miembro de Conjuntos Difusos-Autonomía Trans, ha realizado un intenso activismo legal y de denuncia de prácticas transfóbicas y discriminatorias, y ha sido uno de los autores materiales de la Ley de Transexualidad de Andalucía, al tiempo que uno de los principales críticos a la misma.

Hola Pablo. Las navidades, en estos tiempos, hacen felices a poca gente. Pero la gente LGTB, sobre todo si no tenemos posibilidades económicas reales de movilidad, nos seguimos encontrando rodeados de símbolos familiaristas, exaltaciones caducas y rodeadas de silencios pactados. Supongo que cada experiencia es distinta pero me da que estas cosas, como el futbol, no entienden de ideología política ni clases sociales.
Pablo Vergara: La celebración de la Navidad encuentra su pleno significado en los países del norte de Europa y América, donde la cristianización de las fiestas de invierno apenas ha conseguido ocultar su verdadero significado: que comienza la época más fría del año, pero también que los días van a hacerse más largos en lugar de durar unas pocas horas.
En España todo el sentido que la geografía da a la Navidad en el norte de Europa, no existe. Ese vacío ha sido llenado con símbolos cristianos que en estos tiempos ya no significan mucho para nadie, ni siquiera para quienes son religiosos. La Sagrada Familia representada en el portal de Belén se nos aparece de repente como demasiado conflictiva para continuar representando los valores de la familia tradicional (ella es la madre del hijo de otro, pero no quiere tener sexo con su marido, que sabemos que terminó desapareciendo del mapa al cabo de unos años), los Reyes ya no traen regalos para los niños de la familia, sino que es la Familia Real la que se lleva el dinero para los regalos, y los religiosos que se supone que representan a ese Dios cuyo nacimiento celebramos se han convertido en pederastas en potencia… ¿Quién puede ser feliz con este panorama?

Reyes y reinas, destierros y exilios. Es curioso porque aunque cada familia es un mundo y cada persona otro si hay secretos o tensiones mal gestionadas suelen estallar de forma desagradable en estos días o se omiten desde la distancia. El “disimulo por unos días” se hace mas complejo en el caso de personas transexuales o transgénero supongo.
Pablo V: Las reuniones navideñas son ocasiones formales, y las ocasiones formales son siempre muy binarias (por ejemplo, también lo son las bodas, o los funerales), donde cualquier cosa que se salga de las representaciones de género preestablecidas y socialmente aceptables se consideran una ruptura total del protocolo y “ganas de llamar la atención”. Lo que pasa es que en las bodas o los funerales, al menos hay una excusa más o menos plausible para reprimir la transgresión del género: “no hay que aguarle la fiesta a los novios”, o “por respeto al difunto”, pero en Navidad queda claro que el único motivo es que la persona trans es una vergüenza para la familia y no se puede hacer nada para ocultarlo.
D La navidad, de otra forma más refinada, ha sido hasta hace poco no solo fiesta de consumo sino también llena de ecos religiosos y heteropatriarcales. ¿Qué cosas hay en el inconsciente colectivo que justifica la opresión en vez de señalar las formas de opresión o las ofensas simbólicas?
P. V: Cuando llega la navidad, todo tiene que ser como en los anuncios de El Corte Inglés: perfecto. La casa perfecta, la comida perfecta, la familia perfecta, la ropa perfecta… Cada reunión familiar se convierte en un escaparate para demostrar a nuestros hermanos, tíos, primos, cuñados lo perfecta que es nuestra vida, lo felices que somos, lo bien que nos va. Te has pasado tres días mirando decoraciones navideñas en Pinterest… y ahí tienes a tu “marido”, con un vestido largo y un collar de perlas, o a tu adorable “hija” con barba y bigote, imposible de casar con un hombre (bueno ¿quién sabe?), mientras que la hija de tu cuñada ya se ha casado, tiene un niño y va a por la parejita.
Tener a una persona trans en la mesa es una vergüenza para quien la lleva, y una inmejorable fuente de cuchicheos y bromas para todos los demás.
Es curioso porque la gente, a veces un poco idólatra, me sigue preguntando por la burgalesa Beatriz Preciado. Ella ha salido con una perilla en varios medios mayoritarios en el estado español pero no vuelve a casa ni por navidad. ¿Supongo que esto para unos será un hándicap y otros lo viven con naturalidad? ¿Cómo lo ves tú?
P.V: Hay una diferencia fundamental entre Beatriz Preciado y la mayoría de las personas trans: para nosotrxs, la transgresión del género no es cosa de unas horas, en un espacio público pero seguro en que tenemos una posición de liderazgo, sino que es una lucha 24/7, en la que no podemos elegir en qué espacios queremos pelear, y donde en muchas ocasiones tenemos todas las de perder.
Además, pasa lo que decías al principio: los ricos tienen más posibilidades que los pobres, incluso cuando hablamos de población LGTB. Beatriz Preciado gana una buena cantidad de dinero por ponerse su perilla. A lo mejor alguien en su pueblo, o en su familia, piensa que sería más honesto que se ganase la vida con un “trabajo de verdad”, o a lo mejor nadie piensa tal cosa. Pero la realidad es que se trata de una prestigiosa académica de una Universidad francesa, con un sueldo que probablemente multiplica varias veces el salario medio de las familias burgalesas, y si el dinero no trae el respeto o la felicidad, sí que compra una cosa que se le parece mucho.
Yo no celebro la Navidad pero la Navidad se celebra por mí donde quiera que vaya. ¿Ha cambiado esto? En las grandes capitales gays, lesbianas, heteros y también personas transexuales gozan de una comedida libertad o anonimato. Pero hay discursos capitalistas y sexistas que pre-existen al sujeto e incluso a instituciones enteras. ¿Es posible el distanciamiento o el tiempo no lo cura todo, todo?
P.V. Cualquier persona que se identifica como gay, lesbiana, bisexual, trans, intersex, etc… puede esperar un recrudecimiento de las presiones sociales alrededor de la mesa familiar (o peor aún si ha sido declarada persona non grata, como nos pasa a muchxs). Pero entre esas personas, las que tienen posibilidades de movilidad, pueden desplazarse a lugares más acogedores, pueden ir a buscar a sus familias elegidas, o, si lo desean, pueden elegir no celebrar la navidad y tratar de aislarse del mundo.
En las grandes capitales existen masas de personas suficientemente grandes como para ofrecer refugio a quienes se han quedado en los márgenes. Se encuentran familias elegidas, que muchas veces son más cariñosas y acogedoras que las familias naturales. Se crean lugares seguros y cálidos donde personas afines logran reunirse y pasar estos días con ilusión, incluso sin tener que celebrar la navidad. Sin embargo, sí que es verdad que la mayoría llevamos interiorizado un discurso de cómo deberían ser estos días, y de cómo deberíamos ser nosotros, y es inevitable no comparar nuestra situación real con la imagen idílica de lo que debería ser, pero creo que podemos aprender a descartar todo ese “debería ser” que en realidad no parece funcionar para nadie, y abrazar el momento actual, si se nos presenta la posibilidad de pasarlo con personas que nos quieren y a las que queremos, o si lo queremos pasar en soledad elegida.



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