viernes, 12 de diciembre de 2014

A Slava, de Dimitri Kuzmin

Dejamos en esta nueva entrada otro poema liberado del libro "El armario de Acero", que Dos Bigotes ha editado en espanol y que muestra un amplio repertorio de poesia y relato corto de tematica homoerotica de autores contemporaneos rusos.















A Slava, de Dimitri Kuzmin


Yo no podia follarte y tu lo deseabas tanto
y me lo pedias, y con tus manos fuertes
te separabas las nalgas
para que yo pudiese entrar,
y a mi no se me levantaba, por el cansancio, el insomnio,
por el miedo a que te doliese en tu primera vez,
porque en dos noches y el d'ia entre ambas
no nos detuvimos.

                         Cogimos una habitacion de hotel,
a tu nombre (los de fuera de Moscu pagan el triple),
y quise poner en el suelo los dos colchones,
hechos a mano, king-size,
para que a ti, que mides casi dos metros,
no te colgasen las piernas en tus breves suenos.
Y tu quisiste poner aquel diminuto ramo de la mesita
tras la cortina, para que nos llegase un leve
aroma a flores.

                                      Y saque por despecho
el inutil preservativo, embadurnado de crema para manos,
y repetia: "Perdona, es culpa mia, estoy cansado, no puedo",
y tu sonreiste: "AHora ya tienes una razon para volver".
Me incline sobre su espalda, rendido, para ver tu rostro,
tus ojos tensos y estrechos,
el afilado dibujo de tus pomulos, con su barba de tres dias,
tus labios convulsos, apretados por un momento,
hasta el ultimo ronquido.

                          A las nueve de la mañana
tenia que partir, puse el despertador
del movil, pero no pude dormir
y mientras, tu, acurrucado,
apoyaste tu cabeza en mi pecho,
caiamos en el suelo, ahora tu, ahora yo
y una vez, pensando que dormia,
susurraste: "No quiero separarme de ti".

                                        Medianoche en Briansk,
control oficial de pasaportes, y, sin saber por que,
suena la musica en la estacion, chirria la chatarra de las
   barreras,
giran las agujas del reloj, alumbran las farolas desde el anden
al vecino de abajo, que acaba de leer a Perumov,
por el filo de la puerta veo desnudarse a un feo cadete,
el pelo en su pecho repite tu mismo dibujo.
Ay, lo que haria yo ahora...


                                        

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