domingo, 16 de noviembre de 2014

Los rácanos de blablacar


Blablacar nació ante la necesidad de que conductores y viajeros precarios minimizaran gastos: los primeros, de la gasolina, y los segundos, que tuvieran una opción más allá del monopolio del bus y el tren que marca unos precios que, para determinados trayectos, son inadmisibles.
Blablacar se presenta, por tanto, como una plataforma en la que viajeros y conductores se ponen de acuerdo para viajar juntos y ahorrar dinero. Evidentemente esto no es una práctica nueva, solo que a partir de ese momento, se facilita el contacto entre personas que no se conocían previamente mediante una red social.
Con blablacar todos empezamos a ser felices, viajamos de Granada a Madrid por 15€, nos ahorramos tres euros y además, vamos mucho más comodos que en el bus, y para colmo tardamos una hora menos. Y así ocurre con casi todos los trayectos: blablacar es, al fín al cabo, más barato, mucho más cómodo, y más rápido.

Sin embargo, pronto surgen los sinvergüenzas, los cara dura, aquellos individuos que se aprovechan de las cualidades de blablacar frente al autobús, para empezar a hacer una práctica deleznable: ofertar cuatro plazas para viajes largos. Es en estos casos cuando el conductor ya empieza a ganar dinero, a convertir esta práctica que nació como fruto de los escasos recursos que tienen los jóvenes, y los no tan jóvenes, en un negocio. Se pasa de considerar que tú, como conductor, vas a pagar solo una pequeña parte de la gasolina, a ahorrársela por completo y, además, a ganarte diez o quince euros extra.
Lo más criticable de este simbólico hecho no es que el conductor gane diez euros con ese viaje, sino que tenga a tres personas en los asientos de atrás hacinadas, apretujadas, incómodas, durante un viaje de 300 o 400 km, para que el solidario conductor, que comparte su coche por un módico precio, se gane unas perrillas de más.

Pues temo decirle que usted, señor conductor, junto a la comisión impuesta por blablacar y el pago online, eres parte de lo que se está cargando este gran y necesario medio de solidaridad y autogestión entre los que menos tenemos. Sois, por tanto, parte del problema. Sois tan despreciables como los precios inasumibles de Renfe, o como los malas conexiones entre ciudades periféricas en autobús. Sois rácanos, miserables, no hay nada por lo que os podáis escapar; esa actitud tiene un nombre, y vosotros por lo tanto, un adjetivo mucho peor.

¡Vayanse, conductores rácanos! ¡Vayanse!

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