sábado, 15 de noviembre de 2014

Literatura gay rusa... ¿Existe?

Es indudable el desarrollo de la literatura gay en los últimos años. No es de menos recordar algunas de las obras literarias "precursoras" de temática homoerótica en la modernidad, como el relato "Manor" de Karl Heinrich Ulrichs a finales del siglo XIX o el libro "Buen Criollo" de Adolfo Caminha también a finales de dicho siglo. Ulrichs era alemán, y Caminha, brasileño. Sin embargo, ¿qué conocemos de la literatura gay rusa, así, a rasgos muy generales, bien sea de la modernidad o de nuestro siglo?

La editorial Dos Bigotes ha sacado una recopilación de poesía y relato breve de 17 autores actuales de temática gay que, con la palabra, defienden lo que sienten y muestran, mediante una literatura no precisamente política, su rechazo a la Ley Contra la Propaganda Homosexual. Escriben, en consecuencia, desde la trinchera, bien resistiendo en la homófoba Rusia de Putin, mostrando con naturalidad su sexualidad, ateniéndose a las consecuencias que ello pueda acarrear, o bien en el exilio.

Uno de los autores del libro "El armario de acero", que Dos Bigotes acaba de publicar, es Aleksandr Belykh (1964), traductor de poesía al ruso desde el japonés (ha traducido, entre a otros autores, a Yukio Mishima).

A continuación dejamos el siguiente poema de Belykh, que sin tapujo alguno, pone de manifiesto una gran pulsión ¿sexual? ¿o simplemente revolucionaria?


Engel verführt man gar nicht”, de Aleksander Belykh (Александр Белых)

No seduzcas al ángel, amigo mío, si te vas a quedar aquí. 
Solo llévatelo bajo tu techo,
tómalo a la fuerza,
mete tu lengua en su boca,
acarícialo suavemente, mucho tiempo
hasta que se empape,
hasta que se enternezca todo su cuerpo.

Ponlo de cara a la pared,
rómpele la camisa
y atraviésalo con ternura,
atraviésalo hasta el límite, abrázalo fuerte.
Deja que gima, turbado,
y que se estremezca dos veces,
porque si no te golpeará en la cara.

No mires su rostro
cuando lo acometas.
Dile cómo mover las caderas
para que aguantу mejor
tu ritmo endiablado.
Sujétalo, que no se caiga,
que no tenga miedo

mientras esté sobre la tierra,
mientras esté bajo los cielos.
¡No le mires a los ojos
cuando lo poseas!
¡Y no rompas, hombre, no rompas
las alas de un ángel!



Traducción del ruso de Pedro Javier Ruíz Zamora

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