viernes, 24 de octubre de 2014

Todos se van, por Eduardo Nabal

TODOS SE VAN: WENDY SE QUEDA


Aunque su título lo sugiera “Todos se van” no es una historia sobre la fuga de cerebros en la Europa de nuestros días, o de eso que llaman “movilidad exterior” nuestros eufemísticos gobernantes. “Todos se van” es el título de uno de los primeros libros de Wendy Guerra, rescatado y reeditado por Anagrama en su colección de literatura en castellano (Narrativas Hispánicas) . Wendy Guerra que ha sorprendido con su última novela formalmente nada convencional “Negra”- donde mezcla sexualidad, recetas de cocina, recetas del pasado y formas de santería- representa una nueva generación dentro de la narrativa comprometida de la Isla. Una voz femenina y feminista sobre la lucha por la autenticidad, el amor, la libertad y la supervivencia siempre desde la subjetividad, en este caso autobiográfica, de la autora y esas mujeres u hombres que para bien o para mal la han acompañado en un periplo histórico y geográfico en el que se ha visto inmersa como en una marea de salvajes contradicciones que rodea la isla y también las letras cubanas. “Todos se van” es una narración poética bajo la forma y el fondo de un diario personal e íntimo de los ocho a los veinte años de la autora, Nieve (Wendy Guerra). Si en “Negra” sorprendió la soltura y el enorme vocabulario con el que cuenta un viaje de Cuba a Europa sin perder raíces culturales y sin abandonar en un camino lleno de espinas y personajes curiosos, en “Todos se van” Guerra nos introduce de lleno en su primera vida familiar, vista, al comienzo, desde el punto de vista de una niña superada por el desgarro de la separación de sus progenitores, la violencia soterrada o no y los cambios que se producen, de otra forma, en la sociedad cubana, todavía patriarcal y algo centrada en mitos y héroes. Ficción y autobiografía como provocación se dan la mano en la última joya de esta autora. “Todos se van” ha sido recientemente llevada al cine por Sergio Cabrera (“La estrategia de caracol”) pero nos muestra, sobre todo, la literatura como forma de exorcismo y como un arma contra el olvido histórico y la soledad de una chica en un entorno alternativamente mágico, acogedor u hostil. La primera edición del libro obtuvo varios premios. La distancia no le ha quitado vigencia, más bien al revés. Sin llegar a la experimentación cercana a la literatura feminista de su inolvidable “Negra” (también editada recientemente por Anagrama), el diario de “Todos se van” oculta bajo su aparente ingenuidad un retrato poco complaciente no solo de la familia de la autora sino también de esa Cuba desorientada en la que creció, también, desorientada, donde reclaman su voz las minorías sexuales, las mujeres en general, las formas diferentes de concebir el hecho religioso y las formas de hacer política.. Sorprende la facilidad con la que con pocos elementos Guerra entrelaza historias, aromas y recuerdos, cautivando a un lector que muchas veces no conoce a las verdaderas nuevas voces de la literatura latinoamericana de nuestros días , sin nada que envidiar a la literatura escrita por mujeres y con mujeres en Europa o EEUU, como Amelie Nothob o Alice Munro. Guerra vive en los escombros de un sueño que todavía produce efectos contradictorios entre el militarismo y el ensueño, la magia y la prosa de una gris cotidianeidad. Todos se van” es un viaje real y ficticio, biográfico y dolorido, irónico y lúcido, que sabe a realidad, un periplo en el que merece la pena embarcarse. 

Weddy Guerra
 

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