martes, 28 de octubre de 2014

Entrevista a ZHIVKA BALTADZHIEVA


ENTREVISTA A LA POETA Y TRADUCTORA ZHIVKA BLTAZDHIEVA

Entrevista a Zhivka Baltadzhieva (Sofía, Bulgaria, 1947) Veterana poeta y traductora búlgara asentada en España. Traduce a poetas como Lorca al búlgaro y al poeta Hristo Botev al castellano. Es un nombre singular en las letras eslavas y europeas contemporáneas. Una testigo privilegiada de la historia del siglo XX.




Hola Zhikva, ¿Qué tal? ¿Qué te lleva a traducir a los más importantes autores de la poesía búlgara y española? ¿Por qué tanto hincapié en la figura de Hristo Botev? ¿Por qué Federico G. Lorca?
 
Botev. Lorca. Los dos son substanciales para mí. No solo como poeta, sino como ser humano. Su pensamiento, su capacidad de amar el prójimo, amarle hasta a su pesar, su dolor frente a la mudez y la sumisión, frente a la crueldad y la indiferencia, son algo que da coraje, que subleva los corazones y las mentes y que no soy capaz de tener solo para mí y no compartir. Su valentía de ser en el verso extremadamente auténticos puede ser contagiosa. 

Botev es un poeta búlgaro del siglo pasado con una voz muy contemporánea. No tiene mucho que ver, en principio, con Lorca. ¿Es la poesía de Botev más actual que nunca en estos tiempos que corren? Botev habla del yugo, del yugo otomano. Habla del poder de la iglesia con mayúsculas ¿Estamos ahora bajo el yugo del capitalismo tardío? ¿Qué papel tiene la iglesia hoy día en distintos países del Este?

- Son aparentemente muy distintos Lorca y Botev, es verdad, hasta parecen lejanos. Pero tienen en común lo más importante – el don de humanizar el turbio tiempo, el tiempo sin moral, sin escrúpulos y sin piedad; el don de hechizar la vida para que no se extinga. Con esto los dos son muy actuales en este momento y siempre. Nos transmiten dignidad. Nos arrancan desde la oscuridad de la mentalidad esclava, tendiente a acomodarse y muy, muy egoista. Cuando Botev habla del yugo, no es precisa y solamente el yugo otomano que hace estallar su corazón y su mente. Es más bien esta mentalidad sumisa, tan dura de remover, lo que le hace alzar la voz y pronunciar las palabras más amargas del mundo en referente a la madre, la Patria, el prójimo: “Yo ya no añoro nada. / ¡Y vosotros, vosotros, sois idiotas!“ Todo poder piramidal es para él una fuente del mal. Y claro, también la Iglesia, que ha permutado el camino de la fe en vía de poder. No puedo decir mucho sobre el papel de la Iglesia en los distintos países del Este. Pero no debemos olvidar que muchas décadas fue dirigida por altos cargos de las correspondientes fuerzas de seguridad y los ex aparatchik siguen manejándolo todo, desde todas las plataformas posibles e imposibles, en estas sociedades. Y siguen saqueando y aniquilando nuestros pueblos y nuestro ser sin que nadie les pida la cuenta. Como dice Botev, “los ajenos y los nuestros” – todos se han dedicado a despojarnos, a quitarnos hasta las migas de la mesa y las últimas luciérnagas de lo bello. No se si esto es capitalismo tardío, tal como la ciencia lo veía hace poco. O es otra cosa, más cruel, más cínica, más inhumana, que por ahora solo sufrimos, pero cuyo mecanismo todavía no hemos conseguido descifrar y nombrar con más exactitud, para esperar poder desmontarlo.
 
Se podría decir que Botev fue un poeta nacionalista y, a su manera, pre-revolucionario ¿Qué papel tienen hoy los nacionalismos en la cultura cuando están tan desprestigiados en la política? Muchos pensamos que es necesaria una revolución, poner los medios de producción bajo control de los trabajadores y luchar por una sociedad sin clases ni Estado. Decirle esto a un eslavo puede tener sus consecuencias. ¿Cómo ves tú el pasado y su relación con el futuro de los pueblos eslavos?

- En ningún caso y nunca jamás fue Botev un nacionalista. ¡Nunca! G. Soros, a través de su fundación Open Society,  pagó a algunos “historiadores” de la literatura búlgara para que escriban libros enteros donde defender una tesis como esta. Pero no hace falta más que leer los poemas de Botev y sus artículos de periodista para ver que esto solo es una sucia invención. Ya sabemos a quien sirve. El poeta soñaba con la “pura y sagrada república”, donde todos los esclavizados, todas las etnias, podrían vivir en igualdad de derechos y oportunidades. Era un auténtico revolucionario, un hombre de pensamiento muy avanzado. Sí, revolucionó primero el lenguaje y con esto las mentes. Cambió la mentalidad, la visión. Y tuvo que pagar con su vida.
Hoy vivimos un auge de los nacionalismos, la xenofobia, los genocidios, los fanatismos, desesperante, atroz, feroz. ¿Hacía dónde vamos? La cultura, cuando es cultura de verdad, intenta oponerse. Son los ávidos por poder, por el poder del dinero, los que, como en el dicho popular prefieren ser cabeza de asno en vez de la cola del león, los que los encienden. ¡Separa y domina!”
Los pueblos de Europa del Este y de Centro Europa, no solo los pueblos eslavos, fueron manipulados, machacados, desmoralizados por las estructuras de poder del llamado socialismo real. No pudimos darnos cuenta a tiempo de que el “cambio” y la famosa caída del muro de Berlin solo eran un movimiento más en el continuo proceso de saqueo de las riquezas (y no únicamente de las materiales) de nuestros países y la destrucción del espíritu humano. Un movimiento monstruoso de expansión de unas formas de dominar atroces. Las consecuencias las pagamos todos. Y vamos a pagarlos, creo, mucho tiempo.

A parte del indudable efecto placentero que produce la lectura, la poesía ha pasado de ser un género elitista a ser la voz de los sin voz. ¿Puede aún incitar a la lucha colectiva? ¿Debe ser esa su única función?

- La poesía ya en Homero es la voz de los sin voz. Hablar de la poesía como género elitista (debo reconocer que nunca investigué quién y cuándo empieza a difundir este tipo de generalizaciones) les sirve a algunos, interesados en alejarla de nosotros. Desde los tiempos más remotos la poesía, y el arte en general, han sido el lenguaje que expresa cada asombro, descubrimiento, alegría, terror, tragedia o felicidad del ser humano. El sentido de lo estético, la sed de belleza, la imaginación, la capacidad de abstracción y creación de símbolos, la identificación con el otro y lo otro, son para mí las características más definitivas y más revolucionarias que diferencian el ser humano. La poesía nunca es una proclama política. No incita. Es un camino de crecimiento interior contra la mentalidad esclava y la ignorancia. Dice P. Celan: “Cuando ellos multiplican voluptuosos el dolor, yo te hablo a ti.” Eso es la poesía. Nos habla. Como le hablan a un malherido para que no pierda la conciencia y no se nos vaya. 
 
¿Cómo te ves hoy a ti misma en relación con la historia de Bulgaria? ¿Una superviviente? ¿Una testigo privilegiada? ¿O simplemente como una amante de la libertad, con las palabras como herramienta de lucha?

- Me duele mi mundo. Quisiera tener una varita mágica. Pero no la tengo. No me creo ni mejor, ni peor que todos los que pasamos por este trance. No soy una testigo privilegiada. Es mí única vida. Soy parte de todo esto. La poeta búlgara Blaga Dimitrova cuenta en uno de sus ensayos que a la pregunta qué haría él para cambiar las cosas en su país Confucio contesta: “Primero cambiaría el lenguaje”. Esto intenta la poesía desde que existe. Y yo, en la medida de mis posibilidades, quisiera devolver su verdad por lo menos a una palabra, para que llegue al otro como ala, o como abrazo.

En tu poema “Breve historia búlgara”, hablas de cómo el pueblo búlgaro ha sobrevivido a distintos yugos, siendo el otomano el más importante. También habla del comunismo como otro yugo al que habéis sido sometidos. ¿Cómo ves aquél ideal por el que tantos lucharon y en cuyo nombre os esclavizaron? ¿Qué imagen se tiene en Bulgaria del (mal)llamado “socialismo real”?

- “Breve historia búlgara” habla de los yugos (todos igual de mortales, no cabe graduar su importancia, un yugo siempre es un yugo, nada menos) que nos han convertido en un pueblo que no vive, solo sobrevive. Hasta tenemos un proverbio: “Una cabeza agachada, ningún sable la corta”. En la práctica en nuestros países no ha habido comunismo. Probablemente, en el contexto concreto, debería haber puesto esta palabra -comunismo- entre comillas. Pero es un poema que escribí cuando era muy joven, con 24 - 25 años. Ni me imaginaba entonces que un día podría ser leído por alguien más que no fuera yo misma. Y luego, en 2010, cuando fue publicado por primera vez en Bulgaria, no quise retocarlo. Aquella palabra solo fue usado como tapadera para las ansías de poder de determinados grupos, familias, clanes… Como escribió Joseph Brodsky en su carta a Václav Havel (1993) “quizá ya sea hora de que tanto nosotros como el resto del mundo, democrático o no, borremos el término “comunismo” de la realidad humana de la Europa del Este, para que de este modo esa realidad pueda verse como lo que es realmente… Admitir que se ha producido una extraordinaria regresión antropológica, reconocer en la catástrofe de nuestro territorio comanche el primer aviso de la sociedad de masas – un aviso desde el futuro, … como un abismo abierto de repente en el corazón humano para engullir toda honestidad, compasión, cortesía y justicia…”

A la hora de traducir a Lorca al búlgaro o a Botev al castellano te encuentras con dilemas culturales difíciles de sortear. Son sociedades y momentos muy diferentes. ¿Cómo afrontas esa dificultad? Hay que contextualizarse mucho para poder enfrentarse a una traducción de ese calibre.

No soy una traductora profesional. No me atrevo a aleccionar a nadie. Personalmente creo que a la hora de traducir un poema lo más importante es transmitir a las palabras del otro idioma su espíritu y su sentir. Traducir no las palabras, sino el poema. Porque cada palabra en cada idioma tiene un equipaje histórico y unos matices innumerables y a veces hasta contrarios. Y hacia esta transmisión cada uno va por caminos propios. Para ofrecernos su lectura. Y es que la traducción no es otra cosa que una lectura.
 

ESPACIOS, poema de Marco Vidal

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