miércoles, 3 de septiembre de 2014

MARCO EN MOSCU: ¿UN VIAJE DE ESTUDIOS?

Entrevista a Marco Vidal, comunista y activista queer, por parte de Eduardo Nabal.

-Marco, tu deseo de conocer Rusia es debido a que conoces el idioma y estudias su cultura, a que te interesa la historia del país y a que se te ofreció una ocasión de oro. ¿Era una ilusión antigua, que venía de atrás o una oportunidad nueva?
Bueno, el idioma lo estudio y desde un nivel básico, aún no se puede decir que lo conozca. La idea de conocer Rusia viene desde que empecé a interesarme por el ruso, desde los 11 años. Un día, de hecho, le propuse a mi madre que fueramos ella, mi padre y yo a Moscú, de turismo, y fue una idea que se desvaneció nada más recordar que eramos una familia trabajadora y que de ninguna manera podíamos permitirnos ni vuelos ni visados. Ni de asomo. Mis vacaciones familiares más lejanas fueron a un pueblo perdido de Granada y a otro en la Sierra de Cádiz durante dos noches en hoteles de dos estrellas. Así que aspirar a visitar Moscú era un imposible. La oportunidad de oro llegó cuando la profesora de Ruso nos ofreció unos voluntariados en Rostov del Don, en un campamento de niños, dando clases de Español. Lo consulté con mi hermano, y me apoyó (económicamente), ya que yo tenía que costear el vuelo y el visado. Ellos me ofrecían alojamiento y pensión completa.


-Se habla mucho del jetlag, pero a pesar de las nuevas tecnologías que parece nos unifican a todas, también se habla del shock cultural. Es decir, encontrarte perdido ya no en el idioma (ya que tú sabes algo de ruso) sino en las costumbres, el talante, el tono de voz, la forma en que la gente te ve o se comporta… Supongo que sin llegar al “shock” eso se nota.
Los primeros días lo pasas mal porque la comunicación es complicada. Por mucha gramática que aprendas en clase y por mucho vocabulario que estudies a base de listas interminables, cuando estás en el lugar, con la gente, la cosa cambia. El principal choque lo tuve cuando, en el aeropuerto de Moscú en el que hacía escala, nos habían perdido la maleta. Nos trataton, a mi y a mis compañeras, fatal. Finalmente, tras una semana sin ropa, la maleta llegó. Obviamente esta experiencia me marcó bastante porque era el primer contacto con rusos, en Rusia, y fue horrible. En el campamento eran muy simpáticos, pero me seguían chocando muchas cosas: la ropa, la pluma que desprendían muchos niños, lo cutre que eran algunas de las instalaciones (como aquel almacén en el que reinaba el caos y había una mujer continuamente en un ordenador windows 98).
-Hiciste el gesto valiente y solidario con la comunidad LGTB rusa de enseñar tu camiseta de “No a la Homofobia” escrito en Ruso en la Plaza de Moscú. ¿Tú palpaste ese miedo que nos transmitieron las imágenes más crudas sobre los asesinatos y la represión homofóbica en el país? ¿O dependía mucho de la gente y las zonas? ¿Palpaste también la influencia de una Iglesia reconstruida y prepotente aliada con el Gobierno?

Bueno, antes de la famosa ley contra la propaganda homosexual de la que se ha hablado tanto en los medios en el último año, ya había leyes regionales e incluso locales (como la de San Petersburgo que acaban de derogar). Antes de emprender mi viaje a la Región de Krasnodar, miré el mapa de regiones que ya tenían esa ley de antes... ¡Y adivina cuál era! En cualquier caso, luego llegó la ley federal, que afecta a todo el país. La historia de la camiseta es muy graciosa... Hace casi un año vi por internet el festival de cine gay de San Petersburgo, y vendían camisetas en las que ponía “Stop Homofobia!” en Ruso, y me quise comprar una, pero no exportaban... Así que bajé a la tienda de serigrafía del barrio y me la hice por 13 euros. Nada más compré los billetes, sabía que haría esa pequeña acción, ese gesto, de ponerme la camiseta. Y, como aquel que está planeando un asesinato, recreaba en mi mente todo: como lo haría para que nadie me viese, cómo la llevaría hasta allí discretamente, qué decir si alguien en el campamento la viera por lo que fuera... ¡Un drama! ¡Y todo por una camiseta! Pues así fue, toda una gestión increíble... La camiseta la doblé del revés, de forma que si me habrían la maleta en el aeropuerto, no pudieran leer el texto. Al llegar al campamento, estuvo en el fondo de la maleta. Al llegar a Moscú, el día que fui a visitar la Plaza Roja, me la puse debajo de una sudadera, y ésta la abroché todo lo que pude. Me paseé por todo el Kremlin con una sudadera, pese al calor. No disfruté de las vistas, de los monumentos, de nada... Solo pensaba en la maldita acción... Y, finalmente, cuando vi el momento oportuno, posé, me eché una foto “normal”, y cuando vi que no había ningun ruso o ningún policía merodeando cerca, la desabroché y eché la foto. Hice muchas pruebas, estuve super nervioso, y cuando comprobé que había alguna bien, me fui al Museo Estatal de Historia, para continuar con la visita, y fui al baño a cambiarme. Sí, a cambiarme. Llevaba otra camiseta en la mochila... ¡Todo más que preparado!


-Muchos han podido pensar que Marco se iba a Rusia a ver las ruinas de la revolución como uno se puede ir a Hollywood buscando Manderley o el plató donde se rodó “Lo que el viento se llevó”, y encontrarse con una urbanización hortera o con un parque temático Disney. Pero tú ya sabías a lo que ibas y lo que ibas a encontrar y no. Aún así imagino que hay algo nuevo que te llevaste en el corazón o el cerebro.
Lo principal que me llevé fue la maravillosa experiencia de ser profe. Me encanta la docencia, es mi vocación. Y haber podido desarrollarla en el país cuya lengua estudio... Es lo mejor que me he llevado, darle clase a, como yo los llamo cariñosamente, los rusitos.


-Además de Rusia estuviste en la, en general, maltratada Bulgaria. Un país empobrecido. ¿Notaste un cambio muy brusco, o hay algo en los países del Este, en el talante de las gentes, que los unifica de alguna forma?
Un país empobrecido no, un país machacado, saqueado. El más pobre de la UE, sin ir más lejos. Al llegar a Bulgaria lo primero que hice fue subir la foto a facebook y difundirla. Bulgaria no luce precisamente por su ausencia de homofobia, pero por lo menos la ley no lo persigue (aunque hubo un intento de hacer un proyecto de ley por parte de un grupo conservador). Y aunque la UE es una basura donde puedes morir por falta de recursos económicos como tal gay ruso machacado, me sentí algo más seguro. Al fín al cabo, legalmente no está perseguido y eso es importante. Que sí, que pueden pegarme igual, pero por lo menos, no iría a la cárcel por propagandista.
Los países del este tienen algo que les hace muy parecidos -más allá de la similitud entre sus lenguas, que por cierto, entre búlgaro y ruso es muy grande. El carácter, su espíritu, es duro, frío, seco. Hay que ir allí para sentirlo. Puedes conocer eslavos en España, pero ni de asomo son como los que viven allí. Otra característica que los une es la burocracia, la lentitud para muchas cosas, la cutrez, la pobreza palpable... Los lentos pero bellos trenes. Rusia tiene una desigualdad social abismal. En Bulgaria, son todos pobres. Todos.


-Fuiste gracias a la Universidad pero sobre todo gracias a tu esfuerzo. ¿Volverías? Dejando al margen lo de la foto.
Sí, volvería pero de visita turística, o de intercambio o voluntariado, a otro lugar. Me gustó la experiencia, pero Rusia es un país enorme con mucho que conocer y no es plan de repetir.
-Opinar en Rusia debe ser un peligro imagino a qué niveles. También, de otra manera, lo es en el Estado Español. ¿Vivimos en tiempos de involución? ¿Palpas el miedo aquí como pudiste palparlo allí?
Vivimos en un momento en el que la clase obrera está dormida, pero desde hace treinta años. La diferencia es que antes no era tan “necesario” luchar porque la situación económica era “buena” y muchos se creyeron nuevos pequeñoburgueses. Pero ahora ha cambiado mucho la cosa; las familias están empobrecidas y los jóvenes sin salida alguna que no sea el exilio. Y mientras tanto, gran parte de la gente está ahogando sus problemas de todo tipo y difundiendo sus opiniones políticas en el bar, en twitter, y otro tanto pensando y afirmando que la solución a todo esto vendrá cuando la super renovada izquierda unitaria gane las elecciones y haga reformas de corte keynesiano para “producir” y “reactivar” la economía. Lo que hay que encender es la calle, el BCE; organizarse desde abajo, todas, y luchar, y no precisamente desde encuentros ciudadanistas y votaciones online.
Y estas ideas no son consecuencia de mi viaje... (risas).
En el momento en el que soy consciente de que quizás no pueda seguir estudiando por falta de recursos o porque la beca llega a final de curso, palpo el miedo. Muy de cerca. Y veo frustradas mis ambiciones, que son muy sencillas: estudiar, estudiar y estudiar... como decía Lenin, vamos.
-Creo que hiciste buenos amigos rusos. Pero en temas de política social, política sexual o representantes políticos ¿Te lo pensabas dos veces antes de opinar sobre esto o aquello?
Por supuesto. El único tema que salió fue Ucrania, con una de las jefas del campamento. Estabamos comiendo, y no sé por qué le dije que había visto una cerveza que se llamaba URSS, y ella me dijo que seguía habiendo muchísimos nostálgicos. Y la cosa desembocó en Ucrania. Solo me dijo que el este de Ucrania era y debía ser ruso, pero que no deseaba de ninguna forma la guerra.
-¿Había algún sitio, geográfico o simbólico, donde querías ir en particular en este viaje? ¿Qué tal se portó la universidad de allí en comparación con la de aquí?
Me encantaría volver a Moscú y pasear por el Kremlin sin la presión de poder ser arrestado por llevar propaganda homosexual escrita. También me encantaría conocer San Petersburgo, Kemerovo (Siberia) y Vladivostok (en el extremo oriental de Rusia, cerca de Corea del Norte).
La gente de la universidad de allí bien, aunque es un caos. Hubo mil detalles que demostraban continuamente que había falta de coordinación de alguna forma. Dabamos clase sin pizarra, y cuando la teníamos, no había rotuladores ni nadie sabía donde estaban... Con eso te lo digo todo


-El pueblo ruso ha sufrido mucho. Bueno, todos los pueblos lo han hecho. ¿Tienes la esperanza de que Putin no vuelva a salir elegido a pesar de la presión mediática y los intereses creados de la llamada “Unión Europea”?
Bueno, la pregunta es si Putin es realmente elegido. En cualquier caso, por muy elegido democráticamente que sea, no deja de ser un político al servicio de la burguesía. Un día en clase de ruso la profesora dijo: “¿sabéis quién es Medvedev?”, y alguien dijo que era el Primer Ministro. A lo que la profesora respondió, “bueno, en eso no nos aclaramos ni los rusos. Un año gobierna Putin, y Medvedev es primer ministro, y otro año, es al revés”. Así que imagínate...
-Hasta hace poco había mucha gente que se iba a Cuba. Era casi un rito obligado. Pero cuando volvían parecía que lo que vieron no era ningún paraíso ni comunista, ni no comunista. De hecho personalmente no conozco a nadie que se haya quedado allá, al margen de la solidaridad. Lo de Rusia es otra cosa y más original pero me imagino que el pasado y el futuro están entre las preocupaciones o heridas de la gente de a pie.
Cuba no es ningún paraíso. Ni Rusia, ni España. Por mucho que pretendamos alejarnos y construir sociedades alternativas, al estar dentro del capitalismo global, está condenado al fracaso. Pero eso no quita, de ninguna manera, la buena experiencia que tiene que ser para alguien, vivir de forma colectiva y autogestionaria, sea en el campo, o en el centro de Barcelona.
Hay muchos eslavos nostálgicos. La frase estrella es “tenía sus fallos, pero nos dieron de comer y nos dieron servicios sociales básicos y derechos”. Así que imagínate cuán presente está en la vida de los eslavos el cercano pasado soviético. 







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