martes, 11 de junio de 2013

Su normalidad no nos representa a todxs.

Pese a los datos estadísticos que alentan a la ya moderna sociedad española sobre la normalización y aceptación que la homosexualidad tiene en nuestro país no debemos olvidar que la verdadera lucha homosexual no puede acabar por el simple hecho (legal, jurídico) de que nos podamos casar y adoptar a un niñx. Porque mientras el gay blanco de clase media que trabaja para una importante multinacional no tiene problema alguno para enfrentarse a la realidad, el maricón sudaca o la bollera negra de clase baja se enfrentan a un sinfín de obstáculos que el régimen heteropatriarcal y el estado capitalista de la producción en masa del género, les impone. Mientras una feliz pareja de enamorados maricones pueden ir juntos a elaborar la lista de boda, no nos percatamos de que hay un chaval al que lo acosan en el instituto por aparentar ser homosexual. Mientras dos lindas lesbianas tramitan el incesante papeleo que necesitan llevar a cabo para poder llegar a ser madres, hay una negra tortillera que va a ser echada de su equipo de fútbol por su condición sexual.
En definitiva, creemos que la lucha por la normalización LGTB ha acabado por el simple hecho de no ser perseguida de forma oficial por las autoridades. Sin embargo, creo que la lucha LGTB no solo no ha acabado, si no que le espera una interminable labor, pues mientras en cualquier punto del mundo se atente contra la libertad sexual de las personas, mientras a una niña le llamen bollera por el simple hecho de no encajar en los patrones clasificados como "femeninos", mientras se siga obviando la heterosexualidad de las personas, mientras se siga imponiendo un género concreto, cerrado e inmutable que se nos aplique nada más comprobar si lo que tenemos entre las piernas es un rabo o una raja, mientras la gente siga sorprendiéndose de que dos mujeres puedan follar y darse placer mutuamente hasta quedar saciadas de gozo... Mientras, en definitiva, esta asquerosa sociedad siga afirmando la supremacía del placer heterosexual y se escandalice al ver a una tía con pelos en los sobacos y la cabeza rapada, la lucha LGTB de base, combativa, revolucionara, o en una simple palabra, queer, debe seguir en el frente, pero hasta la victoria final, pues como decía una simple y clara pero interesante pancarta, "las transmaricabolleras también somos clase obrera".


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